¿Hasta dónde llega el poder de la palabra? Especial Halloween.

lunes, octubre 31, 2016



Holaa, aquí KitayuD! ^.^/

He decidido hacer un especial Halloween para asustar un poco a la gente... disfrutad de este pequeño artículo.

¿Hasta dónde llega el poder de la palabra? Esta es una pregunta que creo firmemente, nos concierne a todos. Una frase muy popular dice así: “Lo que cuentan son los actos, las palabras se las lleva el viento.” Esta creencia es sin lugar a dudas comprensible y puede que en mayor parte cierta, pero, ¿hasta qué punto?.

Muchos hay que defienden, y me incluyo en ese grupo, que las palabras son el arma más poderosa que existe, más que cualquier otra. De alguna forma cuando exponemos ideas o hacemos promesas estamos haciendo que éstas se vuelvan realidad, y sólo cuando sean dichas en alto serán verdad. Y es que una cosa debemos tener clara: Los actos son impulsados por palabras.





¿No me creéis?¿qué tontería es ésta, diréis muchos? Bueno, permitidme haceros una demostración de la realidad que unas palabras son capaces de crear. Esta demostración es un libro amado por muchos y odiado por otros tantos: Un mundo feliz.

Mi historia con esta novela es curiosa y serpenteante. Cuando la leí hace ya tiempo, opiné que era un libro completamente sobrevalorado, y en muchos casos incoherente. En resumen, opiné que era malo. Sin embargo, y todos los que hayáis leído la novela sabréis de lo que hablo, una neblina oscura y desagradable a la vez que morbosa tiñe sus páginas y te absorbe, te insta a que acabes su lectura. ¿A qué se debía esa horrenda atracción? Es algo que me hizo replantearme mi opinión sobre la novela y cavilar sobre su contenido. Encontré al autor árido, demacrado a la hora de escribir, aburrido, plano. ¿Qué tenía el libro entonces? Y  precisamente en esa forma de escribir encontré mi respuesta. Me pareció, y me lo sigue pareciendo a día de hoy, un libro horrible. No me gustó nada, aún menos que antes, y sin embargo encontré que era una auténtica joya. Un libro que superaba a otras distopías que sí me gustaban, como 1984, cuyo autor no obstante me parecía mejor.

La respuesta que hallé fue la siguiente: el libro había trascendido a la realidad. Un mundo feliz es el ejemplo perfecto de lo que una idea o unas palabras pueden hacer. Aldous Huxley fue traspasado, dominado por su propia creación, por su propia idea, que al adquirir forma bajo una pluma fue creciendo sola. Supongo que estaremos de acuerdo en que el mundo, la sociedad que se muestra en la historia, es terrible. Es un mundo maquinal, de apariencias, completa y absolutamente vacío. Un mundo absurdo. 


A partir de aquí, ¿Qué pasa con la historia, el argumento? Bien, pues la respuesta es la misma, es absurdo y vacío. Se trata de una historia donde simplemente lo que pasa no se entiende muy bien, donde los personajes a los que más comprendemos y más bien hacen son los que más sufren, además de exagerado hasta la risa. Donde todo lo que ocurre es mecánico, sin sentido, donde todo se sume en perplejidad y ridículo. ¿Tiene sentido la historia? No. La historia funciona, pero se rodea de ciertos elementos y circunstancias, detalles que hacen de ella ridícula, y según el libro transcurre cada vez se tiende más a ese sin sentido. Los personajes siguen el ritmo de la historia, se deforman y se vuelven algo apenas reconocible, avanzando pesadamente con lo poco humano que queda en ellos. Las palabras del autor se vuelven cada vez más exactas, precisas, automáticas. Un cirujano con bisturí en cuyo semblante no se ve nada, ninguna expresión que revele duda, miedo o siquiera pensamiento: un muñeco, algo sin vida. Y lo peor es que dudo que el propio autor desease eso, está demasiado bien hecho, es demasiado natural. La propia idea de ese mundo hórrido, macabro, eso que tan sólo salió de la imaginación del autor fue expandiéndose como un cáncer, comiendo todo lo que encontró, transformándolo en algo acorde a su naturaleza, esa propia idea engulló primero a la historia, luego a los personajes, y por último infectó al autor. Lo absorbió y lo dominó, y lo peor es que ni el propio autor se percató de ello. Su mente, creación e idea ya no eran suyas.


Y esto no es todo. ¿Cuánta gente cree que el libro ha predicho a la perfección nuestro presente? Un mundo cada vez más aparente y vacío, antinatural. Ahora plantearé la pregunta: ¿hasta dónde se ha expandido la idea? Quizás, y sólo quizás la idea se sigue expandiendo cada vez más por distintos medios y hemos acabado siendo como el propio Huxley. Quizás hemos sido dominados por esa idea que cobró vida por medio de la imaginación de un hombre y unas palabras plasmadas en un papel.

“Lo que cuentan son los actos, las palabras se las lleva el viento”.


¿Sigues pensando lo mismo?.


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